04 diciembre 2011

El Santo Rosario


Misterios del Santo Rosario

MISTERIOS GOZOSOS (lunes y sábado)
1. La Encarnación del Hijo de Dios.
2. La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.
3. El Nacimiento del Hijo de Dios.
4. La Purificación de la Virgen Santísima.
5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.

MISTERIOS DOLOROSOS (martes y viernes)
1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto.
2. La Flagelación del Señor.
3. La Coronación de espinas.
4. El Camino del Monte Calvario.
5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

MISTERIOS GLORIOSOS (miércoles y domingo)
1. La Resurrección del Señor.
2. La Ascensión del Señor.
3. La Venida del Espíritu Santo.
4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.
5. La Coronación de la Santísima Virgen.

MISTERIOS LUMINOSOS (jueves)
1. El Bautismo de Jesús en el Jordán.
2. La autorevelación de Jesús en las bodas de Caná.
3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.
4. La Transfiguración.
5. La institución de la Eucaristía.

Misterio Doloroso (1)

La oración y la agonía de Jesús en el huerto de los olivos.
(Mc. 14, 32-37)

Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras voy a orar.»  Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan.  Comenzó a llenarse de temor y angustia, y les dijo: «Siento en mi alma una tristeza de muerte.  Quédense aquí y permanezcan despiertos.»
Jesús se adelantó un poco, y cayó en tierra suplicando que, si era posible, no tuviera que pasar por aquella hora.  Decía:  «Abbá, o sea, Padre, si para ti todo es posible, aparta de mí esta copa.  Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»
Volvió y los encontró dormidos.  Y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora?
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Jesús se revela como verdadero Dios y verdadero hombre;  sufre y se entrega como hombre sabiendo que lo van a condenar.  Sus discípulos "se quedan dormidos", como nos dormimos los cristianos cuando nos dejamos hipnotizar por las propuestas del mundo, que nos alejan de los valores del evangelio.

Misterio Doloroso (2)

La flagelación de Nuestro Señor Jesucristo.
(Mc. 15, 13-15)

La gente gritó: «¡Crucifícalo!» Pilato les preguntó: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Y gritaron con más fuerza: «¡Crucifícalo!»
Pilato quiso dar satisfacción al pueblo: dejó, pues, en libertad a Barrabás y sentenció a muerte a Jesús.  Lo hizo azotar, y después lo entregó para que fuera crucificado.
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Fue el mismo pueblo que lo recibió en Jerusalén con ramos y alabanzas el que gritó crucifícalo.  Como hacemos los cristianos que, en momentos de euforia y emoción, pensamos seguir a Jesús a pesar de todo y, ante los inconvenientes y tropiezos, pedimos por su crucifixión.

Misterio Doloroso (3)

La coronación de espinas.
(Mc. 15, 16-20)

Los soldados lo llevaron al pretorio, que es el patio interior, y llamaron a todos sus compañeros.  Lo vistieron con una capa roja y le colocaron en la cabeza una corona que trenzaron con espinas.  Después comenzaron a saludarlo: «¡Viva el rey de los judíos!» Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y se arrodillaban ante él para rendirle homenaje.
Después de haberse burlado de él, le sacaron la capa roja y le pusieron de nuevo sus ropas.
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Es la burla de los que hacen leña del árbol caído.  Es el atropello de la dignidad humana que se reedita en cada bajeza a la que es sometida una persona cuando se conculcan sus derechos, se los somete a la injusticia y no se le deja vivir como Dios quiere.

Misterio Doloroso (4)

Jesús carga con la cruz camino al calvario.
(Jn. 19, 16-17)

Entonces Pilato les entregó a Jesús para que fuera puesto en cruz.
Así fue como se llevaron a Jesús.  Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota.
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La cruz que cargaron en los hombros de Jesús es más que un pesado madero.  Es la condición humana que se ensaña con el amor de Dios. Jesús "da la cara" por el hombre ante el Padre.  Como el hermano mayor que intercede ante los padres para salvar al menor que hizo una travesura y recibió un castigo.  Es como si Jesús dijera: por mis méritos imploro el perdón por los que pecaron; yo, que he vivido en el amor, no puedo alcanzar la dicha de ir a la casa del Padre si la humanidad no viene conmigo.

Misterio Doloroso (5)

Crucifixión y muerte de Jesucristo.
(Mc. 15, 33-39)

Llegado el mediodía, la oscuridad cubrió todo el país hasta las tres de la tarde, y a esa hora Jesús gritó con voz potente: «Eloí, Eloí, lammá sabactani», que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo, algunos de los que estaban allí dijeron:  «Está llamando a Elías.»  Uno de ellos corrió a mojar una esponja en vinagre, la puso en la punta de una caña y le ofreció de beber, diciendo: «Veamos si viene Elías a bajarlo.»  Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
En seguida la cortina que cerraba el santuario del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo.  Al mismo tiempo el capitán romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de Dios.»
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Jesús reza al Padre en la cruz; y, como buen judío, recurre a rezar con los salmos. En ese momento de dolor, elige el salmo 22 que el evangelista Marcos cita sólo en sus versículos iniciales (no lo transcribe completo pues no era necesario).  Entonces, no debemos tomar esta oración como un momento de debilidad de Jesús sino como una oración de esperanza; si Marcos hubiera citado el versículo 25, por ejemplo, "él no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre: no le ocultó su rostro y lo escuchó cuando pidió auxilio", quienes no conocen el salmo completo, también verían de forma clara que Jesús confía plenamente en el Padre y no es que se haya sentido literalmente abandonado.  


Misterio Glorioso (1)

La resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
(Mc. 16, 5-7)

Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido enteramente de blanco, y se asustaron.  Pero él les dijo: «No se asusten.  Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron.  Ahora vayan a decir a los discípulos, y en especial a Pedro, que él se les adelanta camino de Galilea.  Allí lo verán tal como él les dijo.»
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La resurrección es central para nuestra fe; le da sentido a la vida; de otra manera no podría, siquiera, entenderse la existencia.  Jesús nos abre las puertas de la eternidad y nos indica el camino.  Vence a la muerte, que es consecuencia del pecado, y la convierte en un paso hacia la vida eterna.

Misterio Glorioso (2)

La ascensión de Nuestro Señor Jesucristo.
(Hech. 1, 8-11)

Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo cuando venga sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra.»
Dicho esto, Jesús fue levantado ante sus ojos y una nube lo ocultó de su vista.  Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se alejaba.  Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Amigos galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo?  Este Jesús que les han llevado volverá de la misma manera que ustedes lo han visto ir al cielo.»
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La resurrección nos llena de alegría, nos abre las puertas a la esperanza y, si bien es un hecho para observar extasiados, no debe paralizarnos y dejarnos mirando al cielo.  Jesús resucitado debe ponernos en movimiento; salir de nosotros mismos e ir a anunciar a todos la buena noticia de la salvación.  Tal como lo hicieron los discípulos de Emaús cuando reconocieron a Jesús y no dudaron en volver a Jerusalén a pesar de estar cansados, de los peligros de la noche y de haber recién llegado a su destino.  Un fuego interior, imposible de apagar, los movilizó para ir a avisar a todos que era verdad la promesa del Señor y que lo habían visto resucitado.

Misterio Glorioso (3)

La venida del Espíritu Santo sobre María Santísima y los apóstoles.
(Hech. 2, 1-4a)

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.  De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran.
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El Espíritu Santo, Dios amor, se entrega a los hombres de una forma nueva. Ya no es la relación (que se mantiene) del Padre con los hijos, o el encuentro fraternal de Jesús encarnado (vínculo que también permanece); es la plenitud de Dios que nos regala sus dones para que podamos llegar a él y comprender su voluntad viviendo en el amor y en camino a la felicidad definitiva.

Misterio Glorioso (4)

La asunción de María a los cielos.
(Jn. 14, 1-3)

«No se turben; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes.
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La asunción de María es el anuncio de la salvación para todos; no es sólo Jesús que por ser Dios asciende a los cielos, sino que, María, una mujer sencilla como cualquiera de nosotros, entra en la casa del Padre. Contemplar este misterio debe movernos a interiorizar profundamente el llamado a la santidad; María no entra en la categoría de diosa o semidiosa similar a las mitologías antiguas, sino que sigue siendo creatura, pero ya plena y santificada.

Misterio Glorioso (5)

Coronación de María como reina y señora de todo lo creado-
(Lc. 1, 46-48. 52)

María dijo entonces: Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque se fijó en su humilde esclava, y desde ahora todas las generaciones me dirán feliz.  El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí: ¡Santo es su Nombre!
Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes.
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Contemplar a María reina del cielo es una de las grandes esperanzas del cristiano.  En María se cumplen las promesas de Dios y ella nos muestra, con su vida, porqué se la puede llamar feliz; vivió según la voluntad de Dios y, por eso, es modelo de entrega, fidelidad y alegría.
Así, los que tienen el corazón abierto a la palabra de Dios y se deciden a vivir según los consejos evangélicos, pueden acceder a la casa del Padre.  Estamos llamados a la vida para siempre, a la plenitud de la gracia, a empezar a vivir el reino desde la sencillez de lo cotidiano, con justicia, amor, paz, solidaridad y fraternidad.

Misterio Gozoso (1)

La anunciación a María Santísima.
(Lc. 1, 26-38)

Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David.  La virgen se llamaba María.
Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»  María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo.  Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios.  Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo.  El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás.»  María entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?»  Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios.  También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo.  Para Dios, nada es imposible.»  Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho.»  Después la dejó el ángel.
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El mensaje de Dios es escuchado por María y, con absoluta generosidad, permite que el Espíritu Santo la cubra con su sombra y, así, queda llena de gracia, embarazada de Jesús.
Pidamos al Señor, que su espíritu también nos inunde a nosotros, para que sigamos actualizando el milagro de ese nacimiento y, por la acción apostólica, el testimonio evangelizador y el amor a los demás, sigamos haciendo presente a Jesús en el mundo de hoy.

Misterio Gozoso (2)

María visita a Isabel.
(Lc. 1, 39-45)

Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá.  Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.  Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre.  Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!  ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor?  Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas.  ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»
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María, movida por el amor, sale de la comodidad de su hogar para ir a ponerse a disposición de su prima Isabel que también estaba embarazada. No se justifica con su propio embarazo y nos muestra que siempre hay que estar dispuesto para servir a los demás.
Asimismo, esta visita es un testimonio claro de que tener a Jesús, estar con él, no es un tesoro para guardar sino para ofrecer, para darlo a quien más lo necesita, para ponerlo a disposición de todos.

Misterio Gozoso (3)

El nacimiento del niño Jesús en Belén.
(Lc. 2, 1-7)

Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio.  Este fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria. Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal.  José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada.   Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, y dio a luz a su hijo primogénito.  Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa.
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Jesús, al encarnarse, asume la condición humana; y lo hace desde la pobreza.  No llega al mundo naciendo en un palacio como un rey poderoso ante los ojos de los hombres; su realeza no es de este mundo y ya, desde su cuna, marca las diferencias.  El mensaje del evangelio propone otros valores, otra mirada.

Misterio Gozoso (4)

La presentación de Jesús en el Templo.
(Mc. 2, 22-31)

Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, tal como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También ofrecieron el sacrificio que ordena la Ley del Señor: una pareja de tórtolas o dos pichones. Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón. Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel, y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor. El Espíritu también lo llevó al Templo en aquel momento. Como los padres traían al niño Jesús para cumplir con él lo que mandaba la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras: "Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz como le has dicho. Porque mis ojos han visto a tu salvador, que has preparado y ofreces a todos los pueblos."
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Jesús está más allá de la ley y de las prescripciones y, sin embargo, es presentado en el templo de Jerusalén como lo indicaba la Escritura. Una vez más, la vida de Jesús nos enseña que, para encarnarse realmente hay que asumir la realidad en forma completa y no sólo lo que "nos conviene".
Es el caso, por ejemplo, de los que dicen querer asumir un compromiso con los más necesitados pero permanecen alejados de ellos y sólo se acercan con quien hace turismo hacia la pobreza. O quienes interpretan la palabra de Dios de acuerdo con sus conveniencias "arreglando" el mensaje para que responda a sus intenciones personales.
Jesús, en cambio, asume la vida "de lleno" y con todas sus consecuencias. Más adelante nos enseñará que la ley está hecha para el hombre y no el hombre para la ley porque antepone la dignidad de la persona por sobre toda cuestión.

Misterio Gozoso (5)

Jesús perdido y encontrado en el Templo entre los doctores.
(Lc. 2, 46-51)

Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas.
Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos.» El les contestó: «¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?» Pero ellos no comprendieron esta respuesta.
Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón.
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Encontrar a Jesús en el Templo, en medio de los doctores de la ley, enseñando a interpretar la Escritura, fue un momento especialísimo para José y María. Por una parte, maravillarse ante la sabiduría del niño. Por otra, ver claramente que su misión en el mundo estaba marcada por algo divino.
Se entremezclaban los sentimientos porque comprenden que ese hijo está llamado a grandes cosas. Allí mismo comienza el aprendizaje de saber que "no es de ellos" sino de la humanidad. Tal como debe ser nuestro aprendizaje para comprender que las cosas de Dios no son las de este mundo, y que no hay pérdida si postergamos las aspiraciones mundanas para conquistar lo divino.

Misterio Luminoso (1)

El bautismo de Jesús en el río Jordán.
(Mt. 3, 13-17)

Por entonces vino Jesús de Galilea al Jordán, para encontrar a Juan y para que éste lo bautizara.  Juan quiso disuadirlo y le dijo: «¿Tú vienes a mí?  Soy yo quien necesita ser bautizado por ti.»
Jesús le respondió: «Deja que hagamos así por ahora.  De este modo respetaremos el debido orden.»  Entonces Juan aceptó.
Una vez bautizado, Jesús salió del agua.  En ese momento se abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él.  Al mismo tiempo se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido.»
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Jesús es la luz y el agua que da la vida nueva; quien sacia su sed en él, jamás tendrá necesidad de otra satisfacción. Contemplar este misterio nos debe llenar de la luz que necesitamos para superar los momentos de tinieblas que se nos pueden presentar en el andar cotidiano y colmarnos de una esperanza cierta.  Vivir según las enseñanzas de Jesús no garantiza que no vamos a tener pesares y dolor.  Siempre estarán presente los contratiempos, las enfermedades, las crisis; sí nos garantiza que, en medio de esas tinieblas, contamos con la luz de Jesús que jamás nos abandona y nos regala su gracia para superar la oscuridad. 

Misterio Luminoso (2)

La autorrevelación de Jesús en el milagro de las bodas de Caná.
(Jn. 2, 1-12)

Tres días más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos.  Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino.  Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió:  «Mujer, ¿por qué te metes en mis asuntos?  Aún no ha llegado mi hora.»
Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga.»
Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno.  Jesús dijo: «Llenen de agua esos recipientes.»  Y los llenaron hasta el borde.  «Saquen ahora, les dijo, y llévenle al mayordomo.»  Y ellos se lo llevaron.
Después de probar el agua convertida en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de dónde provenía, a pesar de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua.  Y le dijo: «Todo el mundo sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido bastante, les dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final.»
Esta señal milagrosa fue la primera, y Jesús la hizo en Caná de Galilea.  Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Jesús bajó después a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí solamente algunos días.
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¿Qué nos dice Jesús?  ¿Cuáles son las tinajas que debemos llenar de agua para que él haga el milagro?  Cada uno debe conocer y reconocer sus talentos -sus tinajas- y llenarlas de agua generosamente; con ella, Jesús hará el milagro y convertirá nuestro "poco" en "mucho".
Los hombres tenemos la misión de construir un mundo mejor, pero solos, con nuestras fuerzas, no podemos; necesitamos que Jesús complete la tarea.  Debemos poner todo de nuestra parte y confiar que él hará el resto.  Debemos hacer nuestro esfuerzo y confiar en que "nuestra agua" va a "ser vino" en las manos de Jesús.

Misterio Luminoso (3)

El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.
(Lc. 4, 14-21)

Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu, y su fama corrió por toda aquella región.  Enseñaba en las sinagogas de los judíos y todos lo alababan.
 Llegó a Nazaret, donde se había criado, y el sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre.  Se puso de pie para hacer la lectura, y le pasaron el libro del profeta Isaías.  Jesús desenrolló el libro y encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí.  El me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos, y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
Jesús entonces enrolló el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó, mientras todos los presentes tenían los ojos fijos en él.  Y empezó a decirles: «Hoy les llegan noticias de cómo se cumplen estas palabras proféticas.»
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La presencia de Jesús en la historia cambia todo.  Nadie puede quedar cautivo; nada debe cercenar nuestra libertad; ni la manipulación ideológica, ni los medios de comunicación social, ni la ambición desmedida, ni la economía despiadada.  Nadie debe permanecer en la oscuridad de la ceguera que impide descubrir y ver el verdadero sentido de la vida.  Ninguna opresión debe impedir que la persona crezca gozando plenamente de sus derechos y viviendo con dignidad.

Misterio Luminoso (4)

La transfiguración de Jesús.
(Mt. 17, 1-9)

Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto.  A la vista de ellos su aspecto cambió completamente: su cara brillaba como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz.  En seguida vieron a Moisés y Elías hablando con Jesús.
Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!  Si quieres, levantaré aquí tres tiendas:  una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaba Pedro todavía hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz que salía de la nube dijo: «¡Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido, escúchenlo!»
Al oír la voz, los discípulos se echaron al suelo, llenos de miedo.  Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo: «Levántense, no tengan miedo.»  Ellos levantaron los ojos, pero ya no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.»
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¡Qué bien se está junto a Dios!  Dichosos aquellos que son capaces de percibirlo y sentirse plenos.  Dichosos porque, lamentablemente, no todos están preparados para gozar de las cosas de Dios, para disfrutar con las cosas de Dios.  Quienes pueden colmarse con la plenitud de la presencia del Señor es porque han ido afinando su espíritu para aprovecharlo; contemplemos, entonces, la divinidad de Jesús para aprender a gozar con ella cada día más.

Misterio Luminoso (5)

La institución de la Eucaristía.
(Mc. 14, 22-25)

Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomen; esto es mi cuerpo.» Tomó luego una copa, y después de dar gracias se la entregó; y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por una muchedumbre. En verdad les digo que no volveré a probar el zumo de cepas hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.»
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Jesús quiso ser nuestro pan para quedarse entre nosotros. El pan que es fruto de la tierra y del trabajo de los hombres; un alimento sencillo, que no cansa aunque se coma todos los días, sacia el hambre y nutre.
Un producto que es el resultado de muchas manos que contribuyen a que llegue a la mesa: los que preparan la tierra, los que siembran, los que cosechan, los que trabajan en los molinos harineros, los que amasan y cocinan: pan nacido del esfuerzo de muchos y con destino de comunidad porque el pan que se comparte y reparte es el que se multiplica.
Jesús eligió hacerse pan para ser alimento de los hombres; quiso quedarse entre nosotros. Es un Dios cercano que, con su cuerpo y su sangre bajo las especies del pan y del vino, permanece acompañándonos en la forma sacramental. Un Dios cercano que es Verbo y, con su palabra en la Biblia, también está a nuestro lado.
Un Dios cercano que prometió que cuando dos o tres nos reuniéramos en su nombre, él iba a hacerse presente dejando así su luz entre los hombres para siempre.